UN FALLO ARBITRAL LO PRIVÓ DEL EMPATE


Copa del Rey (Semifinal, ida): Sevilla 0, Real Madrid 1. El trámite del juego fue parejo, como todo partido decisivo. Casi no se sacaron ventajas, y las jugadas de riesgo no abundaron. No obstante, siempre (o en la mayoría de las oportunidades), cuando la lucha es reñida, generalmente existe una pequeña ayudita para el más poderoso. Pasa todos los días en la vida cotidiana, y por supuesto, el fútbol no es la excepción.

Jueguen en el Bernabeú, o en donde sea, el Madrid, siempre es el Madrid. Un equipo que, salvo sus simpatizantes, genera todo tipo de odios alrededor del mundo futbolero. Lógico. Si no es por los millones que gasta para incorporar a cuanto jugador le plazca, y a cualquier precio, en un mano a mano, saca ventajas por otro lado. Y eso, irrita.

No es que el equipo de la capital sea inferior a Sevilla. De ninguna manera. El Real Madrid tiene jugadores para ganarle a cualquier equipo del mundo (salvo al Barça, quedó demostrado ¿no?). Pero no así, con semejante injusticia. Errores de los árbitros (por no decir horrores), que entorpecen el trabajo en la semana, y los sueños de toda una afición.

Corría el primer minuto de descuento de la etapa inicial, Luis Fabiano partió habilitado, quedó cara a cara con Casillas, lo eludió y definió al gol. Sí, por más que se observe una y mil veces la repetición, la redonda traspasó completamente la línea. ¿Como hace un juez para imaginarse una pelota afuera cuando entró? La tecnología, no caben dudas, en ciertas ocasiones podría resolver algunos inconvenientes. No tiene nada que ver con el llamado folclore futbolístico. Porque acá, hubo un robo. El partido estaba 1 a 0 en favor de los Merengues. Y Albiol, junto al colegiado Undiano Mallenco, se negaron a modificar el marcador. Así de fácil.

El conjunto de Mourinho se había puesto en ventaja a los 16, con un golazo del francés Benzemá. De ahí en más, Sevilla lo fue a buscar con mucha actitud. Quizás fue desprolijo, es cierto, pero jamás bajó los brazos. Lo que la gente tanto reclama. Transpirar la camiseta, y después, si la condiciones están dadas, jugar lindo.

Sevilla lo hizo, aunque no tuvo recompensa. Los méritos estuvieron servidos arriba de la mesa. No obstante, Mallenco y sus secuaces, se vendaron los ojos. Para dejar a los de Nervión, con un pie afuera de la final.

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