POR PALERMO, EL FESTEJO FUE DOBLE


Torneo Clausura Argentino (fecha 14): Boca 2, River 0. Como el del campeonato pasado, futbolísticamente, el de ayer no fue un gran clásico. Claro, no es el mejor momento de ninguno de los dos. Aún así, los Boca-River tienen algo especial, que los hace diferentes al resto de los partidos. Es una final, en la que en algunas ocasiones, la ambición y necesidad de ganarle al rival de siempre, está por encima de cualquier campeonato. Se juega a cara de perro, con un marco excepcional en las tribunas, que obviamente, hacen "su" partido aparte.

Ganó Boca, porque fue el menos peor. Luchetti transmitió seguridad desde el arco, Monzón estuvo firme en la marca, y Chávez le aportó su dosis de claridad para hacer jugar al equipo desde el medio. En River, chispazos de Lamela, el único que se salvó. Es cierto que el árbitro Lousteau podría haber sancionado más de un penal por faltas en las pelotas detenidas, pero el Millonario sigue jugando mal. Le hacen pocos goles, porque transforma a Carrizo en figura todos los partidos, y no precisamente por ser seguro atrás. Así, en dos desatenciones, se definió la historia.

A los 27, córner desde la izquierda de Mouche, la rozó Monzón, descolocó a Carrizo, y 1 a 0. En el afán por sacarse el problema de encima, "JP" la mandó a guardar. Y 3 minutos después, la obra cumbre. Allá por 1997, en su primer Superclásico, Martín Palermo marcó ante River. En su último derby, para seguir anotando capítulos en su película, volvió a festejar. Un horror de la defensa visitante, que le dejó en bandeja a Boca, la posibilidad de estirar la diferencia. Y justo a Palermo. El Titán, como casi siempre, no falló.

De ahí en más, el partido fue friccionado. Con algunas insinuaciones de ambos, pero sin efectividad para convertirlas en gol. Boca comenzó a jugar con el nerviosismo de River, que cerró el match con una actitud de Almeyda digna de ser reprochada.

El emblema Millonario, después de ser expulsado tras una discusión con Clemente Rodríguez, dejó la cancha besándose la camiseta y a puro insulto de cara a la hinchada local. Si queremos terminar con la violencia, el primer paso será no generarla desde adentro de la cancha. Por eso me quedo con Palermo, un ejemplo a seguir, más allá de los colores de la camiseta. Gol, ovación, emoción, nostalgia. En fin, las cosas lindas del fútbol, que lo hacen el deporte más hermoso del mundo.

1 Comentarios:

AntonioHermi dijo...

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